domingo, 7 de noviembre de 2010

CANTO IV


   Rizados copos de nevada espuma


forma el arroyo que jugando salta,


ricos países de vistosa pluma


en campos de aire el pajarillo esmalta;


álzase lejos nebulosa bruma 5

de sombra rica, si de luces falta,


y el verde prado y el lejano monte


muro y término son del horizonte.


   Allá en la enhiesta vaporosa cumbre


su manto en el Oriente el alba tiende, 10

y blanca y pura, y regalada lumbre


de su frente de nácares desprende.


Cándida silfa a su fugaz vislumbre


el aire en torno sonrosado enciende,


y en su fuente la ondina voluptuosa 15

se mece al son del agua armoniosa.


   Y tras la densa y fúnebre cortina


del hondo mar sobre la rubia espalda,


ráfagas dando de su luz divina,


mécese el sol en lecho de esmeralda. 20

La niebla a trozos quiebra, y la ilumina


del terso azul por la tendida falda,


y de naranja, y oro, y fuego, pinta


sobre plata y zafir mágica cinta.


   Y en monte, y valle, y en la selva amena 25

y en la de flores mil fértil llanura,


y en el seno del agua que serena


se desliza entre franjas de verdura,


el ruido alegre y bullicioso suena


de seres mil que cantan su ventura, 30

prestando su algazara y movimiento


voz a las flores, y palabra al viento.


   Las rosas sobre el tallo se levantan


coronadas de gotas de rocío,


las avecillas revolando cantan 35

al blando son del murmurar del río;


chispas de luz los aires abrillantan,


salpicando de oro el bosque umbrío:


y si el aura a la flor murmura amores,


la flor le brinda aromas y colores. 40

   Y resonando... Etcétera: que creo


basta para contar que ha amanecido,


y tanta frase inútil y rodeo,


a mi corto entender no es más que ruido.


Pero también a mí me entra deseo 45

de echarla de poeta, y el oído,


palabra tras palabra colocada,


con versos regalar sin decir nada.


   Quiero decir, lector, que amanecía,


y ni el prado ni el bosque vienen bien, 50

que este segundo Adán no verá el día


nacer en los pensiles del Edén,


sino en la cárcel lóbrega y sombría.


Que su pecado cometió también


viniendo al mundo por extraño hechizo, 55

y es justo que tal pague quien tal hizo.


   Corrió entretanto por Madrid la fama


de aquella aparición del hombre nuevo,


de cómo viejo se acostó en su cama,


y al despertar se levantó mancebo. 60

Nueva de que era causa se derrama


del gran tumulto que contado llevo,


cuando atento el patrón, subiendo al ruido,


halló en otro a su huésped convertido.


   Hay en el mundo gentes para todo, 65

muchos, que ni aún se ocupan de sí mismos;


otros, que las desgracias de un rey godo


leen en la historia, y sufren parasismos;


quién por saber la cosa, y de qué modo


pasó, y contarla luego, a los abismos 70

es capaz de bajar; quien, nunca sabe


sino es de aquello en que interés le cabe,


   quien por saber lo que a ninguno importa


anda desempolvando manuscritos,


para luego dejar la gente absorta 75

con citas y con textos eruditos;


otro almacena provisión no corta


de hechos recientes, cuentos infinitos,


y mentiras apaña, y cuanto pasa,


se entretiene en contar de casa en casa. 80

   Este raro suceso que yo cuento


aquí en la capital ha sucedido,


y es tanta la jarana y movimiento


en que su vecindario anda metido,


que muchos no tendrán conocimiento 85

de un caso no hace mucho acontecido;


y a otros tal vez tan verdadera historia


se habrá borrado ya de la memoria.


   Mas yo, como escritor muy concienzudo,


incapaz de forjar una mentira, 90

confesaré al lector que mucho dudo


de la verdad del caso que le admira;


contaré el cuento con mi estilo rudo


al bronco son de mi cansada lira,


y el hecho a otros afirmar les dejo, 95

de haberse el mozo convertido en viejo.


   Como me lo contaron te lo cuento,


y yo de la verdad sólo respondo


de que el mozo salvaje del portento


anda alegre por ahí mondo y lirondo. 100

Raro misterio que en conciencia siento


no poder descifrar por más que ahondo;


mas, ¿qué mucho, si necio me confundo


sin saber para que vine yo al mundo?


   Que no es menor misterio este incesante 105

flujo y reflujo de hombres, que aparecen


con su cuerpo y su espíritu flotante,


que se animan y nacen, hablan crecen,


se agitan con anhelo delirante,


para siempre después desaparecen, 110

ignorando de dónde procedieron,


y adónde luego para siempre fueron.


   Baste saber que nuestro héroe existe


sin entrarse a indagar arcano tanto,


que tiene para estar alegre o triste 115

risa en los labios y en sus ojos llanto,


que come, bebe, duerme, calza y viste


ya más civil en este cuarto canto,


y que Adán en la cárcel le pusieron


cuando desnudo como Adán le vieron. 120

   Basta saber que el Diario, en su importante


sección que casos de la corte cuenta,


en estilo variado y elegante


que el interés del sucedido aumenta,


refiere este suceso interesante 125

al número dos mil seiscientos treinta,


y cómo sigue causa, el parte dado,


no me acuerdo qué juez de qué juzgado.


   Y todos los de todos los colores


periódicos (¡amable cofradía!) 130

que se apellidan ya conservadores,


ya progresistas, y que en lucha impía,


cebo de los políticos rencores,


mondan y pulen la cuestión del día,


de ilustración vertiendo ricas fuentes 135

en caudales fructíferos torrentes;


   ahondando la cuestión de estrago tanto,


buscando el móvil de motín tan fiero,


hallaron unos y otros con espanto


que era un pagado y vil aventurero 140

no disfrazado bajo el noble manto


de la santa virtud, sino altanero,


agente digno de la trama impía,


saliendo en carnes a la luz del día.


   Y acusó cada cual a su contrario 145

de haber pagado y encerrado al loco,


y del absurdo cuento estrafalario


que honra por cierto su invención muy poco;


cuál, al gobierno acusa atrabiliario,


cuál, supone en los clubs que se halla el foco, 150

sin que ninguno ser quiera en su ira


autor de tan ridícula mentira.


   Y con lógica sana y juicio recto


probaron como cuatro y tres son siete,


que no cabe en el más rudo intelecto 155

que se convierta un viejo en mozalbete;


y alguno, a los milagros poco afecto,


con odio a todo clerical bonete,


probó que nada, en un sabio discurso,


basta del mundo a trastornar el curso. 160

   Y yo quedé de entonces convencido


casi de que era mentiroso el cuento


aunque siempre mis dudas he tenido,


que es muy dado a dudar mi entendimiento.


Y cuanto llevo hasta ahora referido 165

ni lo afirmo, oh lector, ni lo desmiento,


que por mi honor te juro no quisiera


que nadie mentiroso me creyera.


   Y casi, casi arrepentido estoy


de haber tomado tan dudoso asunto, 170

y de a pública luz sacarlo hoy,


que la incredulidad llega a tal punto;


mas ya adelante con mi cuento voy


al son de mi enredado contrapunto,


que es mi historia tan cierta y verdadera 175

como lo fue jamás otra cualquiera.


   Es el caso que Adán, preso y desnudo,


hace ya un año que en la cárcel vive,


do con áspero trato y ceño rudo


áspera y ruda educación recibe. 180

Es cada cual allí doctor sesudo


que practicando de su ciencia vive,


tomos que enseñan más filosofía


que en cien años de estudio en sólo un día.


   Sociedad de filósofos, aquélla, 185

andar allí desnudo a nadie espanta,


antes más bien pondrán pleito y querella


al que lleve chaqueta, capa o manta;


y así a nadie extrañó cuando su estrella


trajo allí al joven que mi lira canta; 190

y un año desde entonces ha corrido


y el mancebo se está como ha venido.


   En cuanto a traje y nada más se entiende


que la sana razón su juicio aploma,


sus sentidos aviva y los entiende, 195

y su rústico ardor desbrava y doma.


La gracia y ademán del jaque aprende.


Las más punzantes voces del idioma,


y a sufrir y a callar, y a caso hecho,


guardarse la intención dentro del pecho. 200

   Y como el juicio el talento rija,


comprende de derechos y deberes


el intrincado código que fija


los goces de aquel mundo y padeceres.


Y el noble ardor que el corazón le aguija 205

en ansia de dominio y de placeres,


y su hercúlea simpática figura


del ajeno respeto le asegura.


   Ni chistes ni pillada se le escapa,


ni gracia alguna sin respuesta queda, 210

ni las cartas mejor ninguno tapa


cuando entre amigos el cané se enreda.


Revuelta al brazo con desdén la capa,


con él, navaja en mano, no hay quien pueda.


Que en la cárcel ahora ya no hay pillo 215

que maneje mejor que él un cuchillo.


   Ni lo hay más suelto y ágil, ni quien sea


más diestro a la pelota y a la barra,


ni más vivo y sereno en la pelea,


ni de apostura tal ni tan bizarra; 220

y a tanto va su gracia que puntea


de modo que hace hablar una guitarra,


y para acompañar se pinta solo


su acento varonil cantando un polo.


   Y áspero a par que juguetón y atento, 225

sin que de su derecho un punto ceda,


hombre de pelo en pecho y mucho aliento,


con los ternes y jaques entra en rueda;


y creciendo en arrojo y valimiento,


en juez se erige, y los insultos veda 230

del fuerte al débil, y animoso arguye


y a su modo justicia distribuye.


   Tal vez habrá quien diga escrupuloso


que es poco tiempo para tanto un año,


y poco fuera, cierto, si dichoso 235

vivido hubiera en lisonjero engaño;


más allí donde el látigo furioso


la suerte vibra con semblante huraño,


donde ninguno de ninguno cuida,


pronto se aprende a conocer la vida. 240

   Allí, do hierve en ciego remolino


la sociedad, ni títulos ni honores


son del respeto formulado sino,


ni sirven al que entra sus mayores;


breve mundo de más grandes dolores, 245

do lucha el triste en su afligido centro


contra la sociedad de fuera y dentro.


   Siempre en eterna tempestad, impura


mar donde el mundo su sobrante arroja,


lucha náufrago el hombre a la ventura 250

sin puerto amigo que en su mal le acoja;


pechos que endureció la desventura


y que el castigo de piedad despoja,


cada cual de su propio pesar lleno,


nadie se duele del dolor ajeno. 255

   Y ¿en qué parte del mundo, entre qué gente


no alcanza estimación, manda y domina


un joven de alma enérgica y valiente,


clara razón y fuerza diamantina?


Apura el jarro del licor hirviente, 260

cuando el más esforzado desatina


y trastornado y balbuciente bebe,


y aún él cien jarros a apurar se atreve.


   Y es su malicia la malicia aquella


viva y gentil del despejado niño, 265

luz y candor su razón destella


en medio de su alegre desaliño;


su noble frente y su figura bella,


su audacia inspira al corazón cariño,


que aquella fiera gente, en su dureza, 270

admiran el valor y la grandeza,


   y aunque es su lengua rústica y profana,


y es su ademán de jaque y pendenciero,


pura se guarda aún su alma temprana


como la luz del matinal lucero; 275

bate gentil, cual mariposa ufana,


el corazón sus alas placentero,


que abrillantan aún los polvos de oro


de inocencia y virtud breve tesoro.


   Ni leyes sabe, ni conoce el mundo, 280

sólo a su instinto generoso atiende,


y un abismo de crímenes inmundo


cruza, y el crimen por virtud aprende;


y aquel pecho que es noble sin segundo


y que el valor y el entusiasmo enciende, 285

aplica el crimen la virtud que alienta


y puro es, si criminal se ostenta.


   Como niño que cándido se esfuerza,


y hacerse el hombre en su candor presume,


y la echa de ánimo y de fuerza, 290

miente blasfemias, fuma aunque no fume,


no hay nadie sobre él que imperio ejerza,


y habla de mozas, tal, grato perfume


vertiendo en torno de inocencia pura,


al más bandido remedar procura. 295

   Y como en mente y en valor les gana


y aventaja en nobleza y bizarría,


tanto les vence cuanto más se afana


en mostrarles mayor su gallardía;


y aquellas almas viejas su alma ufana 300

con noble anhelo superar ansía,


sin cuidarse en los lances que le empeñan


de si es vicio o virtud lo que le enseñan


   y por amor a adornos y colores,


y entender que lo exige su decoro, 305

bordado un marsellés con mil primores


cuelga de su hombro izquierdo con desdoro.


Charro un pañuelo de estampadas flores


ciñe a su cuello una sortija de oro,


calzón corto, la faja a la cintura, 310

botín abierto y gran botonadura.


   Que aprendiendo a jugar ganó dinero,


y allí a la reja la Salada viene.


Moza que vive de su propio fuero


y en cuidar a los presos se entretiene: 315

el Parecer, tal vez, la hizo salero;


y ella que es libre y que a ninguno tiene


cuenta que dar dineros y comida


le trae, de amores por su Adán perdida.


   Y ya le ha aconsejado en su provecho; 320

la pobre moza de su amor prendada;


que aunque de rumbo y garbo y franco pecho


y en su modo y palabras desgarrada


y aunque le mira en cueros, que es bien hecho.


Con dulce encanto y alma enamorada, 325

le aconsejó vestirse por decencia,


y él se dejó vestir sin resistencia.


   Vagando va confuso el pensamiento


en torno a la mujer del mozo ardiente,


sin poderse explicar el sentimiento 330

que por sus nervios esparcido siente;


mas su vista le da dulce contento,


respira en ella un codicioso ambiente,


que mágico embelesa los sentidos


tras la ilusión de su placer perdidos. 335

   Y su voz aunque áspera que suena


grata a su oído, el corazón le adula


y de ansiedad confusa su alma llena,


ni su ilusión ni su placer formula.


Lejano son de amante cantilena, 340

que entre la brisa perfumada ondula,


al aire de su dulce devaneo


perdido vaga su genial deseo.


   Y cuando ella con amor le mira,


en la ansiedad vehemente que le aqueja 345

y en el ardor violento que le inspira,


quiere romper la maldecida reja,


y la sacude con violenta ira,


porque acercarse a ella no le deja;


trémulo de furor sus miembros laten 350

y sus arterias dolorosas baten.


   Látigo y gritillos y penoso encierro,


pronta a saltar sobre él la muchedumbre,


tratado allí como indomable perro,


le impusieron forzada mansedumbre. 355

Cual vigoroso potro tasca el hierro,


bota y arranca de las piedras lumbre,


el mozo así sujeto a su despecho


siente un dolor que le desgarra el pecho.


   Fiero león que a la leona siente 360

en la cercana jaula de amor llena,


que con lascivo ardor ruge demente,


de cólera, erizando la melena,


y la garra clavando en la inclemente


reja, en tono los ámbitos atruena, 365

y el duro hierro sacudido cruje


de tanto esfuerzo a tan tremendo empuje.


   Que al placer le convida su hermosura


más a sus ojos mágica, que el cielo


con su sereno azul bañado en pura 370

luz que colora el transparente velo.


Placer que inspira al corazón bravura


fuerza a sus nervios y valiente anhelo,


su máquina impulsada y sacudida


al ignorado goce a que convida. 375

   Que los ardientes ojos de la bella,


y el que mayo pintó de rosa y nieve


semblante alegre que salud destella,


redondas formas y cintura leve.


Y gallardo ademán, ligera huella, 380

pie recogido en el zapato breve,


y blanca media que al tobillo pinta


de negro a trechos la revuelta cinta.


   Y el hueco traje que flotante vaga


en rica de lujuria y vaporosa 385

atmósfera de amor, el alma halaga,


y excita los sentidos codiciosa,


y que enseñar el movimiento amaga


cuanto finge acaso la mente ansiosa,


que allá penetra en la belleza interna 390

tras la pulida descubierta pierna.


   Sácanle el rostro en torbellinos rojos


el fuego del volcán que el pecho asila,


lanzando llamas sus avaros ojos,


encendida la lúbrica pupila. 395

¡Mísero del que entonces sus enojos,


¡ay!, provocara; la ira que destila


su impotencia en su alma, rebosando,


sobre él cayera su dolor vengado!


   ¿Visteis al toro que celoso brama, 400

la cola ondeando sacudida al viento,


que el polvo levantando inflama,


envuelto en nube de vahoso aliento,


y ora a su amada palpitante llama,


ora busca en su cólera violento, 405

con erizado cerro y frente torva,


quién el deseo de su amor estorba?


    Así el mancebo en rededor revuelve


la vista en ansia de feroz pelea,


de nuevo a sacudir la reja vuelve, 410

que trémula a su empuje titubea;


calmarse, en fin, a su pesar resuelve,


siente que en vano lucha y forcejea,


y ella le habla, y él triste la mira,


y sin saber qué responder, suspira. 415

   Que él no sabe con ella hablar de amores,


sino sentir en su locura ciego.


Suspiros son la voz de sus dolores,


y son sus ansias en sus ojos fuego.


Ella entre tanto calma sus furores, 420

que él siempre cede a su amoroso ruego,


y en sus salvajes ojos se desliza


dulce rayo de amor que los suaviza.


   Porque es a un tiempo la manola airosa,


gachona y blanda como altiva y fiera, 425

y sabe con su Adán ser amorosa,


y esquiva con los otros y altanera;


paloma fiel, cordera cariñosa,


aunque de rompe y rasga, y de quimera


y mal hablada, y de apostura maja, 430

y que lleva en la liga la navaja.


   Y está de su pasión tan satisfecha,


tan ancha está de su gallardo amante,


que hasta la tierra le parece estrecha.


Y no hay dicha a su dicha semejante 435

cuando a la espalda la mantilla echa,


y las calles se lleva por delante,


pensando en el gachón que su alma adora,


en su propia hermosura se enamora.


   Corazón toda ella, y alma, y vida 440

y gracia, y juventud, desprecio siente


hacia la sociedad, libre y erguida,


hollándola con planta independiente.


Dejando a su pasión franca salida,


un pues mejor rasgado e insolente, 445

con cara osada por respuesta arroja


si alguno reprendiéndola la enoja


   pobre mujer para sufrir criada,


vil la marcó la sociedad impía,


vivienda en medio de ella condenada 450

a perpetua batalla y rebeldía.


Hija del crimen, sola abandonada


a su propia experiencia y energía,


sin más lazo en el mundo ni consejo,


que un padre preso, criminal y viejo. 455

   Era el tío Lucas, padre de la bella,


hombre de áspero trato y de torcida


condición dura y de perversa estrella,


sin cesar por su boca maldecida;


pocas palabras de indolente huella, 460

mal encarado y de intención dormido,


chico y ancho de espaldas, y cargado.


Largo de brazos y patiestevado.


   De chata y abultada catadura,


de entrecana y revuelta espesa ceja, 465

ojos saltones y mirada dura,


blanca patilla a trechos y bermeja,


la frente estrecha y de color oscura,


rojo el pelo, como áspera guedeja,


inaccesible al peine, aborrascado, 470

en vedijas le cubre enmarañado.


   No hay cárcel ni presidio en las Españas


que no conserve de él alta memoria,


ciudad que no atestigüe de sus mañas,


ni camino sin muestras de su gloria; 475

y consignada está de sus hazañas,


en procesos sin fin, su ínclita historia,


aunque oscura y truncada, que a la pluma


fió muy poco su modestia suma.


   Lleva a rastra los pies andando, y mueve 480

pesada y vacilante la cabeza,


su pensamiento a intención aleve


mostrando en su abandono y su pereza.


Mosquitos insigne, por azumbres bebe


sin vacilar un punto su firmeza; 485

siempre fumando el labio ya tostado


con el tabaco negro y requemado.


   Raya en sesenta años, y cincuenta


hace ya que empezó sus correrías,


quiénes fueron sus padres no se cuenta, 490

ni dónde ha visto sus primeros días.


Siempre sagaz, diversa historia inventa


de sus viajes, familia y fechorías,


cambia su nombre y patria, dando largas


así a las horas de su vida amargas. 495

   Este honrado varón, cuando desnudo


Adán entró en la cárcel, y la gente


le examinaba con anhelo rudo,


explicó el caso con sesuda mente:


«¿No habéis, les dijo, visto nunca un mudo? 500

¿Qué diablos os chungáis de un inocente?»


Y apartó a todos, con afecto raro


dando a su mudo protección y amparo.


   Y como luego el inocente diera


pruebas de su vigor y valentía, 505

y abriera a uno en desigual quimera


contra las piedras la cabeza un día.


Tanto amor le cogió, que la severa


faz desplegando que jamás reía,


hablaba siempre dél guiñando el ojo 510

con cierta sonrisita de reojo.


   «El chaval, el chaval», decía entre sí,


«Meterle mano, que mejor gazapo


no ha regalado el líbano al buchí3;


vamos con él a quién es el más guapo.» 515

Y cuando vio que el mozo hecho un zahorí


camina viento en popa a todo trapo,


y aprende a hablar y en ardimiento crece


y hacerse un hombre de provecho ofrece,


   fundó esperanzas el astuto viejo, 520

y comenzó a formarle a su manera,


y le oye el joven con sagaz despejo


y con más atención que conviniera.


A él y a nadie más pide consejo,


sometida al talento su alma fiera, 525

que en las cosas del mundo el viejo es ducho,


y el candoroso Adán le tiene en mucho.


   Su observación profunda y su experiencia


ha reducido a máximas la vida,


es cada frase suya una sentencia, 530

cada palabra una ilusión perdida:


torpe y lento en hablar, vierte su ciencia


en truncados períodos sin medida,


más en su gesto su intención marcada


que el valor de la palabra hablada. 535

   Como entreabierta garra alza la mano,


siempre de quite al frente el movimiento,


y habla gruñendo como perro alano


con ojos de través y sordo acento.


Sobre la frente el pelo rojicano, 540

la barba sobre el pecho, al mozo atento


que su doctrina codicioso espera,


una noche le habló de esta manera:


   Hijo mío, pocos años


me quedan ya que matar, 545

porque a mí me han de acabar


la viuda4 o mis desengaños


   a ti mañana, a mí hoy.


Yo soy punta y tú eres mango,


este mundo es un fandango; 550

tú vienes y yo me voy.


   Mira, de nadie te fíes,


hijo Adán, vive en acecho,


lo que guardes en tu pecho


ni aún a ti mismo confíes. 555

   La gente... No hay un amigo:


al que cae, la caridad...,


de una mala voluntad


tienes un falso testigo.


   Si mojas5 a alguno, cuida 560

de endiñarle al corazón...


No se olvida una intención


y un beneficio se olvida.


   Eres mozo, al mundo sales.


De los montes se hacen llanos. 565

Buena suerte y muchas manos,


y callar y vengan males.


   A malos trances más bríos:


como la mar es en suma


el mundo, pero en su espuma 570

se sustentan los navíos.


   Las mujeres... La mejor


es una lumia6: en el suelo


el diablo no tiene anzuelo


más seguro ni peor, 575

   ellas te chupan el jugo,


y te espantan los parnés7:


cuando carne comer crees


estás comiendo besugo.


   El hombre ahí ha de enredar 580

sin que le enrede el enredo,


tú no te chupes el dedo,


que no hay que pestañear.


   Mala siembra, mala siega;


nada me va, nada sé; 585

quien más mira menos ve,


y di la verdad, Juan Niega.


   Esto es negro para ti,


pero ya lo entenderás,


y acaso te acordarás, 590

cuando lo entiendas, de mí.


   Poco en verdad el candoroso mozo


de tan profundas máximas comprende,


con tal misterio y maleante embozo


hablándole de un mundo que no entiende. 595

Y al través de su rústico rebozo,


si el sentido tal vez sagaz trasciende


de alguna frase, en su confuso empeño


cuanto adivina le parece un sueño.


   Un mundo que una luz pura ilumina, 600

que viste y cubre un tan hermoso cielo,


¿mansión habrá de ser donde camina


el hombre siempre con mortal recelo?


¿Y será la mujer, creación divina,


vida del alma y generoso anhelo, 605

brillante de placer y de hermosura,


enemiga también, también impura?


   ¿Será del hombre el enemigo,


y en medio de los hombres solitario,


él, su sola esperanza y solo amigo 610

verá en su hermano su mayor contrario?


¿Grillos, cadenas, hambre y desabrigo


siempre serán el lúgubre sudario


que vista, al entregarle a su abandono


el hombre al hombre en su implacable encono? 615

   ¿Será tal vez que en bandos dividida,


lucha furiosa en obstinada guerra


la raza de los hombres fratricida


alterando el reposo de la tierra?


¿Qué brazo audaz que justo se apellida 620

contra su voluntad allí le encierra?


¿Quién llama criminal a aquella gente


a quien oye decir que es inocente?


   Y él, que recuerda como en sueño apenas


de su vida el primer dulce momento, 625

¿por qué a vivir en ásperas cadenas


vino, y cruel con bárbaro tormento


el hombre de dolor las manos llenas,


en su inocencia lo arrojó violento,


castigando con grillos y prisiones 630

el natural vigor de sus pasiones?


   Estas y otras reflexiones rudas


hierven en su ofuscada fantasía,


como aparece entre las sombras mudas


incierto rayo de la luz del día. 635

Turbio su juicio, amontonando dudas,


sin fórmula vagando en la sombría


nube de que su mente está cubierta


ni acierta a hablar, ni a preguntar acierta.


   Tosió entre tanto su Mentor, que arranca 640

del pulmón a pedazos su catarro.


Y remoja la voz, que le atranca


sorbiéndose de vino medio jarro;


de un negro torcidón como una tranca


pica, lía y enciende su cigarro, 645

chupa y empuja con la uña el fuego,


y en su discurso así prosiguió luego.


   ¿Tú qué has hecho? No has salido


chibato8 del cascarón;


sin razón o con razón 650

a la sombra te han traído.


   Es sino de criaturas:


no te gruñirá el barí9;


a mí me tienen aquí


   un chota10 y mis desventuras 655

se berreó11 el maldecido


y dos señores muy llanos


vinieron con cuatro alanos


a sorprenderme en mi nido.


   Yo como soy muy cortés 660

excusé su compañía,


hasta que vi no podía


ni por menos ni por pies.


   No se llevaron mal chasco:


seis pobretes... La del humo... 665

Que por ahí andan presumo.


Yo aquí a la sombra me rasco.


    Por ellos me di a partido;


dando largas ello irá;


que no los traigan acá, 670

y nada se habrá perdido.


   Tú, pobrecillo, reserva


lo que ahora vas a saber,


que en el mundo hay que aprender


a sentir crecer la yerba. 675

   El que lo gana, lo jama12


a buscársela, hijo mío;


a hacer tú mismo tu avío,


que el que no llora no mama.


   Y tú para ti has de hacer, 680

yo te pondré en buen camino.


Hijo, si tienes buen sino,


pan te queda que roer.


   Los seis pobretes... Más plata


valen que ha dado el Perú. 685

Son muy gentes; verás tú


seis meloncitos de cata.


   Muy hombres, muy campechanos,


no porque yo los alabe,


pero es cosa que se sabe, 690

como las suyas no hay manos.


   Saladilla te dirá


lo que has de hacer: ¡malos mengues13


te lleven a ti y sus dengues,


que tan derretida está! 695

   Los seis pobretes reciben


también de este pobre viejo


de cuando en cuando un consejo,


y, Adán, como pueden viven.


   Yo bien te quise dar 700

rentas y capellanía,


pero el que no tiene usía


se lo tiene que ganar.


   El refrán dice, hijo Adán,


que Dios es omnipotente 705

y el dinero es su teniente,


y que sin el din no hay dan.


    Con que salud y andar vivo,


que por tu bien tengo empeño,


y a Dios, que ya viene el sueño, 710

cada mochuelo a su olivo.



   Quedóse Adán, mientras espera el día,


rumiando las palabras del bandido;


pasar el mundo en confusión veía


con loca fiebre y delirante ruido. 715

Luego en grata embriaguez su fantasía,


embargándole el sueño su sentido,


la imagen en visión encantadora


le trajo amor de la mujer que adora.


    Su loco enajenado pensamiento, 720

que trae regalo y esperanza al alma,


ignorado deleite y sentimiento;


en mitad del desierto umbroso palma


que templa su calor calenturiento,


y a cuyo pie el viajero se reposa 725

en paz de amor y languidez sabrosa.


   Visión en cuyos brazos descansando


su oscura cárcel y ansiedad olvida,


en jardines de rosas respirando


el encantado aroma de la vida. 730

El alma allí con movimiento blando


en el columpio mágica mecida


de su propia ilusión, cuenta un tesoro


de esperanzas sin fin, de ensueños de oro


   alma joven y pura que suspende 735

en la región del aire un devaneo,


y que en su propia luz, la luz enciende,


y da forma y visión a su deseo;


la atmósfera tal vez ruda le ofende


del ignorado mundo y su mareo; 740

mas si siente sus puntas dolorida


su propia juventud cura su herida.


   Que hay en el alma, cuando nueva agita


sus áureas alas, una fuente pura,


que alegre riega la ilusión marchita 745

y renueva su fuerza y su hermosura;


bebiendo de ella el corazón palpita


hasta que al fin secándose la apura,


y en vez de la ilusión se alza la pena


que al manantial purísimo envenena 750

   así en su propia alma su consuelo


halla el mancebo, y de la pura fuente


con las aguas de vida su desvelo


templa, y el sueño perezoso siente.


Y luego en alas de su propio anhelo, 755

de la amada mujer, cruza en su mente


la blanca imagen, que, por más delicia,


amorosa le besa y le acaricia.


   Brilló entre tanto, si decirse puede


que brilla en una cárcel nunca el día, 760

donde a su luz la sombra nunca cede


ni un rayo el sol al corazón envía.


Donde la tregua que al dolor concede


un breve sueño con crueldad impía


rompe la aurora, y vuelve a su faena 765

el cautivo amarrado a su cadena.


   Donde las horas hilan su tejido


sin enredar tal vez una esperanza,


y el tiempo al parecer pasa dormido


sin señales de alivio ni mudanza; 770

donde tal vez el término cumplido


que la ilusión del desdichado alcanza,


es en su ruda, inexorable suerte


en su suplicio una penosa muerte.


   Donde... Pero también el hombre olvida 775

allí su pena en su locura insana,


ríe y canta, y devánase su vida


que entre el ayer se enreda y el mañana.


La llaga del dolor adormecida


templa un olvido, una esperanza vana, 780

que es el presente lago alborotado,


do el porvenir se enturbia y lo pasado.


   La causa, en tanto, en un rincón dormía,


sin cuidarse de Adán el escribano,


y un año largo su prisión corría. 785

Y nadie de él se acuerda: y un verano,


y otro pasara, y ciento, y pasaría


un siglo entero, y mil, y todo en vano,


situación en las cárceles no extraña,


gracias al modo de enjuiciar de España. 790

   Cuando la hermosa que al mancebo adora,


quién sabe cómo, acaso malamente,


logró de la pereza vencedora


del juez que diese Adán por inocente;


vista la causa en fin, llegó la hora, 795

de darle libertad, y delincuente


no pudiéndole hallar, le sentenciaron


las costas a pagar que otros causaron.


   Las costas, pues, con otras bagatelas


pagó de sus ahorros la Salada, 800

cálzase el escribano las espuelas,


la causa aviva, y la dejó zanjada:


¡oh, cuánto amor, el corazón desvela


de una hermosa mujer enamorada!


¡Cómo voló a la cárcel aquel día 805

rebosando la nueva en su alegría!


   Párase ante la cárcel, precipita


acá y allá agitada sus paseos,


frenético su espíritu se agita;


sueña su alma amantes devaneos. 810

Un siglo en su ansiedad loca, infinita,


cuenta cada minuto sus deseos,


allí esperando a que el escriba venga


y oír gritar: «Adán con lo que tenga»14.


   Llegó por fin el anhelado instante; 815

corrió a la reja la feliz manola;


toda turbada látele el semblante,


que amor con mil colores arrebola;


y trémula la mano, y anhelante


con un ansia no más y una idea sola, 820

entre la verja entrándola la agita


y con el gesto y con la voz le grita,


   y como tigre que acechando hambriento


tal vez descubre presa en la llanura,


y en arco el cuerpo arrójase violento, 825

salta, y entre sus garras le asegura,


no con ansia menor al dulce acento


que entrando hasta sus tuétanos murmura.


El mozo corre a donde ve su bella


que al través de la reja se atropella. 830

   ¡Oh del primer amor dulces escenas


que presencia risueño el escribano,


palomas inocentes de amor llenas


que se huelgan delante del milano!


Romped, en fin, romped esas cadenas 835

con que el destino os separó tirano,


y otras os teja de amorosas flores


el buen Dios protector de los amores.


   Abrazó Adán al redomado viejo,


honrado padre de su amada prenda, 840

el cual frunciendo el rígido entrecejo


le apartó donde nadie los entienda;


y a solas repitiéndole el consejo


de la noche anterior, le recomienda


prudencia y tino y ánimo en la vida 845

y le abraza otra vez por despedida.


   ¡Cuánto júbilo al alma y alborozo,


cuánto loco placer, cuánta alegría,


sintió alterado el indomable mozo


libre al mirarse y a la luz del día! 850

Las arterias palpitantes de gozo,


baña la luz su audaz fisonomía,


y de contento el corazón deshecho


suena a sus golpes conmovido el pecho.


   Y ella veloz con su ademán de maja, 855

su planta firme y su gentil soltura,


la calle al lado de su amante baja


llamando la atención su donosura.


Y ambos en medio a la común baraja


de gentes que atraviesan con presura, 860

y que a su garbo y gentileza atienden,


ojos a un tiempo y corazón suspenden.


   Y él al mirarse al lado de su bella,


y al tocarla tal vez su tacto es fuego,


fuego que lanza vívida centella 865

que el alma y corazón penetra luego;


páranle a un tiempo su ignorancia, y ella


que contiene su ardor con blando ruego,


y acaso su ardimiento también doma


cuando recuerda la pasada broma. 870

   Que ha comprendido Adán que aquella gente


que él con recelo y cuidado mira,


es acaso la misma que inclemente


piedras y lodo al inocente tira.


Y cual furioso loco va impaciente 875

junto al loquero que temor le inspira,


así la rienda puesta a sus arrojos,


gira en redor sus recelosos ojos.


   Un pobre cuarto bajo en una casa


pobre, la moza en Avapiés habita, 880

de baja planta y de fachada escasa,


limpia por dentro y de esmerada cuita.


La llave con incierta mano para,


y el mancebo infeliz se precipita


tras ella en la mansión, que amor ahora 885

con tintas mil de su ilusión colora.


   Tintas que bañan en su lumbre pura


la pobre estancia con celeste encanto,


vertiendo en torno aromas de dulzura


que amor derrama de su aéreo manto. 890

Morada acaso triste, acaso impura,


mas de la dicha ahora templo santo,


convertido en Edén de ricas flores


al soplo germinal de los amores.


   Que solo allí con la mujer que adora, 895

cuya hermosura la mansión encanta,


bastan apenas al mancebo ahora


los ojos a admirar belleza tanta.


Y el fuego que frenético atesora


el corazón y su vigor levanta, 900

y su inquietud redobla, fulminante


en ráfagas de luz brota al semblante.


   Y entre sus manos trémula su mano,


sus labios devorándose encendidos,


al rudo impulso y al furor tirano 905

de sus tirantes nervios sacudidos,


él, ignorante en su delirio insano,


respondiendo latidos a latidos.


Al corazón la aprieta, el juicio pierde,


la besa hambrienta y con placer la muerde. 910

   Y una nube quimérica ya vela


sus sentidos, y vaga y vaporosa


placer, deleites y delirios cela


y confunde su dicha vagarosa;


y la hermosura disipada vuela 915

de la mujer que espárcese amorosa,


y donde quiera él, gusta, toca y mira,


dicho, hermosura e ilusión respira.


   Aire que con riquísimos olores


baña su negra cabellera riza, 920

luz vagarosa y blanda que de amores


en los húmedos ojos se desliza,


voluptuosa niebla de colores


que un deliquio dulcísimo matiza,


los cerca en derredor embebecidos 925

en su lánguida magia los sentidos.


   Amor encuentra en su sabrosa boca,


y en sus ojos de amor, amor respira,


afán de amores en su frente loca


latir contempla si a su hermosa mira. 930

Furor ardiente que el amor provoca


él en su aliento abrasador aspira,


y ella a su furia y su pasión demente


doblar su amor al estrecharle siente.


   Y amor en voluntad se desvanece 935

y va a perderse en el remoto cielo,


que hasta allí disipándose parece


que elevan sus espíritus su vuelo;


y el aura del deleite que las mece


y confunde sus almas en un velo, 940

cubriéndolas de gloria y de ventura,


allá las alza en sueños de dulzura,


   sueños que en torno en formas nacaradas


vagos acá y allá revolotean,


y en las venas latiendo arrebatadas 945

entre la sangre trémulos serpean.


En los rígidos nervios desplegadas


sus alas placidísimas ondean,


sobre la frente bulle su armonía


y ofuscan con su luz la fantasía 950

   genios de amor, deidades de hermosura,


donde la juventud, nuevas creaciones,


que en el primer placer el alma pura


llueve desde su cielo de ilusiones;


inmenso amor, riquísima ventura, 955

que ignoran los morales corazones


que el varonil vigor aún no ha sentido


y está el candor de su niñez perdido.


   ¡Oh! A su inocencia, a su infantil pureza


la fuerza juvenil junta el mancebo, 960

nueva a sus ojos es tanta belleza,


nuevas sus ansias y su gozo nuevo;


antes que la ilusión en su cabeza


seque el deseo con picante cebo,


dicha, ilusión, amores y delicias 965

se atropellan en él con sus caricias.


   Y allí en tropel, cual vierte su rocío


en las mañanas del abril la aurora


sobre las verdes ramas del sombrío


y en las pintadas flores que enamora, 970

al alma y cuerpo con amante brío


la turba de placeres voladora,


que en torno en algazara se levantan.


En círculos de júbilo la encantan.


   Olas que van y vienen en su mente 975

son sus alborotados pensamientos,


confusos todos en tumulto ardiente


brotando el corazón sus sentimientos;


y al armonioso estrépito latente


absortos los sentidos, los violentos 980

impulsos del amor muestran pasmados


en éxtasis de gozo arrebatados.


   ¡Oh! ¡Cómo vibra y en acorde canto


el alma de ella al alma de su amante!


¡Oh! ¡Cómo tanto amor, delirio tanto 985

se retrata en su célico semblante!


¡Oh! ¡Cuál le presta su ignorado encanto


su espíritu a su espíritu flotante,


como el arco del músico se agita


cuando violenta inspiración le excita! 990

   Que, como cuando arrebatado azota


al muelle mar el huracán violento,


las apiñadas olas que alborota


a merced van del combatido viento,


así en la llama eléctrica que brota 995

el alma en cada nuevo sentimiento,


envuelta el alma ajena y sacudida


vaga a merced de la pasión perdida.


   Y ahora que así las almas considero


prestándose placer, gloria y ternura, 1000

pararme un punto y lastimarme quiero


de mi propio disgusto y desventura;


que ya gastado de mi ardor primero


el tesoro riquísimo se apura.


Y en mi amargo dolor continuo lloro 1005

perdido malamente aquel tesoro.


   Aunque por otra parte me consuela


no tener ya que ir como iba un día


a escape con el alma y dando espuela


al alma que en mi curso antecogía; 1010

ni soñada esperanza me desvela,


ni doy crédito ya a mi fantasía,


y si de amor no late el pecho mío


también en cambio a mi placer me hastío.


   ¡Oh! ¡Bendita mil veces la experiencia 1015

y benditos también los desengaños!


Piérdese en ilusión, gánase en ciencia,


gastas la juventud, maduras años,


tanta profundidad, tanta sentencia,


tantos remedios contra tantos daños, 1020

¿a qué los debes, mundo, en tanta copia


sino a la edad y a la experiencia propia?


   ¿Y habrá tal vez alguno que sostenga


que no vale la ciencia para nada?


¿Y habrá menguado que a probar nos venga 1025

que está la dicha en la ilusión cifrada?


¿Pues hay cosa que más nos entretenga


que medir de los astros la jornada,


y saber que la luna es cuerpo oscuro,


y aire ese cielo al parecer tan puro? 1030

   Viva la ciencia, viva, y si en el mundo


perdiste ya del alma la energía,


y en ella guardas con dolor profundo


algún recuerdo de un dicho día


con viva aplicación meditabundo 1035

engólfate en los libros a porfía,


que aunque ellos nunca calmarán tu pena


al menos te dirán qué es luna llena.


   Y entretanto, vosotros los que ahora


pinté embriagados de placer y amores, 1040

gozad en tanto vuestras almas dora


la primera ilusión con sus colores.


Gozad, que os brinda la primera aurora


con el jardín de sus primeras flores.


Coged de amor las rosas y azucenas 1045

de granos de oro y de perfumes llenas.


   Y sed vosotros isla de verdura


donde repose yo, cansado y yerto


del sol que ennegreció mi frente pura


y del árido viento del desierto. 1050

Idea de suavísima dulzura


vosotros sed do el pensamiento incierto


fije su vuelo, y vuestro aroma blando


venga a mi corazón su afán templando.

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