domingo, 7 de noviembre de 2010

Introducción al poema titulado El Diablo Mundo

El Diablo Mundo


José de Espronceda

[Nota preliminar: Edición digital a partir de la edición de Obras poéticas de Don José de Espronceda ordenadas y anotadas por J. E. Hartzenbusch, París, Baudry, Librería Europea, 1848, cotejada con las ediciones críticas de Robert Marrast (Madrid, Castalia, 1982) y Domingo Ynduráin (Madrid, Cátedra, 1992).]

ArribaAbajoIntroducción al poema titulado El Diablo Mundo

A mi amigo D. Antonio Ros de Olano.
El autor, José de Espronceda


CORO DE DEMONIOS



   Boguemos, boguemos,


la barca empujad,


que rompa las nubes,


que rompa las nieblas,


los aires las llamas, 5

las densas tinieblas,


las olas del mar.


    Boguemos, crucemos


del mundo el confín;


que hoy su triste cárcel quiebran 10

libres los diablos en fin,


y con música y estruendo


los condenados celebran,


juntos cantando y bebiendo,


un diabólico festín. 15

EL POETA



    ¿Qué rumor


lejos suena,


que el silencio


en la serena


negra noche interrumpió? 20

    ¿Es del caballo la veloz carrera,


tendido en el escape volador,


o el áspero rugir de hambrienta fiera,


o el silbido tal vez de aquilón?


    ¿O el eco ronco del lejano trueno 25

que en las hondas cavernas retumbó,


o el mar que amaga con su hinchado seno,


nuevo Luzbel, al trono de su Dios?


    Densa niebla


cubre el cielo, 30

y de espíritus


se puebla


vagarosos,


que aquí el viento


y allí cruza 35

vaporosos


y sin cuento


    y aquí tornan,


y allí giran,


ya se juntan, 40

se retiran,


ya se ocultan,


ya aparecen,


vagan, vuelan,


pasan, huyen, 45

vuelven, crecen,


disminuyen,


se evaporan


se coloran,


y entre sombras 50

y reflejos,


cerca y lejos


ya se pierden;


ya me evitan


con temor 55

ya se agitan


con furor,


en aérea danza fantástica


a mi alrededor,


    vago enjambre de vano fantasmas 60

de formas diversas, de vario color


en cabras y sierpes montados y en cuervos


y en palos de escobas; con sordo rumor:


    baladros lanzan y aullidos,


silbos, relinchos, chirridos, 65

y en desacordado estrépito,


el fantástico escuadrón


mueve horrenda algarabía,


con espantosa armonía


y horrísona confusión. 70

    Del toro ardiente al mugido


responde en ronco graznar


la Malhadada corneja,


y al agorero cantar


de alguna hechicera vieja, 75

el gato bufa y maúlla,


el lobo erizado aúlla,


ladra ruidos, voces y acentos


mil se mezclan y confunden,


y pavor y miedo infunden 80

los bramidos de los vientos,


que al mundo amagan su fin


en guerra los elementos.


    Relámpago rápido


del cielo las bóvedas 85

con luz rasga cárdena,


y encima descúbrese


jinete fantástico,


quizá el genio indómito


de la tempestad. 90

    De cien truenos juntos retumba el fragor


en bosques, montañas, cavernas, torrentes


quizá son el miedo los genios potentes


que el cántico entonan de espanto y terror.


    Lanzando bramidos hórridos, 95

y tronchando añosos árboles,


irresistible su ímpetu,


teñida en colores lívidos,


gigante forma flamígera


cabalga en el huracán. 100

Quizá el genio de la guerra,


cuya frente tornasola


con roja vaga aureola


el relámpago fugaz.


    Aquí retiembla la tierra, 105

allí rebrama la mar,


altísima catarata


zumba y despéñase allá;


    allí torrentes de lava


lanza mugiente volcán; 110

aquí agita en la tempestad,


    y agua, fuego, peñas, árboles


ávida sorbe al pasar;


allí colgada la luna,


con torva, cárdena faz, 115

    triste, fatídica, inmóvil


en la inmensa oscuridad,


más entristece que alumbra,


cual lámpara sepulcral;


    allí bramidos de guerra 120

se escuchan, y el golpear


del acero, y de las trompas


el estrépito marcial;


    aquí relinchar caballos


y estruendo de pelear; 125

allí retumban cañones,


lamentos suenan allá,


    y alaridos, voces, ayes,


y súplicas y llorar;


aquí desgarradas músicas 130

y cantares; acullá


    ruido de gentes que danzan


con bullicioso compás;


acá risas y murmullos,


riñas y gritos allá; 135

    allí el estruendo se escucha


de amotinada ciudad,


carcajadas, orgías, brindis,


y maldecir y jurar;


    aquí el susurro entre flores 140

del cefirillo galán,


allí el eco interrumpido


de algún suspiro fugaz


ora un beso, una palabra,


de alguna trova el final; 145

todo en confusa discordia


se oye a un tiempo del mundo,


    breve compendio del mundo,


la tartárea bacanal,


y trastornan y confunden 150

tanto estrépito a la par;


    y aturden, turban, marean


tanta visión, tanto afán.


UN CORO



    Allá va la nave:


¿quién sabe do va? 155

¡Ay!, ¡triste el que fía


del viento y la mar!


UNA VOZ



    ¿Qué importa? El destino


su rumbo marcó.


¿Quién nunca sus leyes 160

mudar alcanzó?


Allá va la nave;


bogad sin temor,


ya el aura la arrulle,


ya silbe Aquilón. 165

CORO 2.º



    Venid, levantemos


segunda Babel,


el velo arranquemos


que esconde el saber.


UNA VOZ



    Verdad, te buscamos, 170

osamos subir


al último cielo


volando tras ti,


con noble avaricia


y ansia sin fin 175

de ver cuanto ha sido


y está por venir.


CORO 3.º



    Mentira, tú eres


luciente cristal,


color de oro y nácar 180

que encanta al mirar.


UNA VOZ



    Feliz a quien meces.


Mentira en tus sueños,


tú sola halagüeños


placeres nos das, 185

¡ay!, ¡nunca busquemos


la triste verdad!


La más escondida


tal vez, ¿qué traerá?


¡Traerá un desengaño! 190

¡Con él un pesar!



Varias voces

VOZ 1.ª



    Yo combato por la gloria.


Su corona es de laurel,


cántame versos, poeta,


póstrate, mundo, a mis pies. 195

VOZ 2.ª



    Yo levantaré un palacio


que oro y perlas ornarán;


príncipes serán mis siervos;


el pueblo, Dios me creará.


VOZ 3.ª



    Venid, hermosas, a mí, 200

dadme deleite y amor,


voluptuosa pereza,


besos de dulce sabor;


y entre perfumes y aromas,


bullentes vinos; y al son 205

del arpa, blanda me arrulle


y armoniosa vuestra voz.


VOZ 4.ª



    Venid, empujadme,


la cima toqué.


Subidme, que luego 210

la mano os daré.


VOZ 5.ª



    ¡Ay!, yo caí de la elevada cumbre


en honda sima que a mis pies se abrió.


¡Grande es mi pena, larga mi agonía!...


¡Una mano!, ¡ayudadme!, ¡compasión! 215

VOZ 6.ª



    Errante y amarrado a mi destino


vago solo y en densa oscuridad.


¡Siempre viajando estoy, y mi camino


ni descanso ni término tendrá!


VOZ 7.ª



    Sin pena vivamos 220

en calma feliz


gozar es mi estrella,


cantar y reír.


VOZ 8.ª



    ¿Quién calmará mi dolor?


¿Quién enjugará mi llanto? 225

¿No habrá alivio a mi quebranto?


¿Nadie escucha mi clamor?


EL POETA



    ¿Dónde estoy? Tal vez bajé


a la mansión del espanto,


tal vez yo mismo creé 230

tanta visión, sueño tanto,


que donde estoy ya no sé.


    Hórrida turba, quizá,


que en tormenta y confusión


a anunciar al mundo va 235

su ruina y desolación,


mensajeros de Jehová:


    ¿Quiénes sois, genios sombríos


que junto a mí os agolpáis?


¿Sois vanos delirios míos, 240

o sois verdad? ¿Qué buscáis?


¿Qué queréis? ¿Adónde vais?


    Mas de la Célica cumbre


llameante catarata


en ondas de viva lumbre 245

súbito miro saltar.


    Y ola tras ola de fuego


vuela en el aire y se alcanza


con estruendo y furor ciego,


como despeñado mar. 250

    Y al hondo abismo en seguida


se precipita y se pierde


la catarata encendida


que en arco rápido cae.


    Océano inmenso volcado 255

rojos los aires incendia,


en tumbos arrebatado


recia tormenta lo trae,


    y en medio negra figura


levantada en pie se mece, 260

de colosal estatura


y de imponente ademán.


    Sierpes son su cabellera


que sobre su frente silban,


su boca espantosa y fiera 265

como el cráter de un volcán.


    De duendes y trasgos


muchedumbre vana


se agita y se afana


en pos su señor. 270

    Y allí entre las llamas


resbalan, se lanzan,


y juegan y danzan


saltando en redor.


    Bullicioso séquito 275

que vienen y van,


visiones fosfóricas,


ilusión quizá.


    Trémulas imágenes


sin marcada faz, 280

su voz sordo estrépito


que se oye sonar,


cual zumbido unísono


de mosca tenaz.


    Allí entre las llamas 285

hirviendo en montón,


no cesa su ronco


monótono son,


murmurando a un tiempo mismo


todos juntos y a una voz, 290

y apareciéndose súbito


ora fuego, ora vapor.


    Tendió una mano el infernal gigante


y la turba calló; y oyóse sólo


en silencio el estrépito atronante 295

del flamígero mar; luego un acento


claro, distinto, rápido y sonoro


por la vaga región cruzó del viento


con rara melancólica armonía,


que brotaba doquiera, 300

y un eco en derredor lo repetía.


    Voz admirable y vaga, y misteriosa,


viene de allá del alto firmamento,


crece bajo la tierra temblorosa,


vaga en las alas del callado viento. 305

Voz de amargo placer, voz dolorosa,


incomprensible mágico portento,


voz que recuerda al alma conmovida,


el bien pasado y la ilusión perdida.


    «¡Ay!», exclamó, con lamentable queja, 310

y en torno resonó triste gemido,


    como el recuerdo que en el alma deja


la voz de la mujer que hemos querido.


«¡Ay!, ¡cuán terrible condición me aqueja


para llorar y maldecir nacido, 315

víctima yo de mi fatal deseo,


que cumplirse jamás mis ansias veo!


    »¿Quién es Dios? ¿Dónde está? Sobre la cumbre


de eterna luz que altísima se ostenta,


tal vez en torno de celeste lumbre 320

su incomprensible majestad se asienta;


de muchos mil la inmensa y pesadumbre


con su mano tal se rige y sustenta,


sempiterno, infinito, omnipotente,


invisible doquier, doquier presente. 325

    »Y allá en la gran Jerusalén divina


tal vez escucha en holocausto santo


del querub que a sus pies la frente inclina.


Voces que exhalan armonioso canto.


La máquina sonora y cristalina 330

del mundo rueda en derredor, en tanto,


y entre aromas y gloria resplandores,


recibe humilde adoración y amores.


    »Santo, Santo, los ángeles le cantan;


Hosana, Hosana, en las alturas suena, 335

rayos de luz perfilan y abrillantan


nube de incienso y trasparencia llena.


Y con ella con murmullo se levantan,


paz demandando a la mansión serena,


las preces de los hombres en su duelo, 340

y paz les vuelve y bendición el cielo.


    »¿Es Dios tal vez el Dios de la venganza,


y hierve el rayo en su irritada mano,


y la angustia, el dolor, la muerte lanza


al inocente que le implora en vano? 345

¿Es Dios el Dios que arranca la esperanza,


frívolo, injusto y sin piedad tirano,


del corazón del hombre, y le encadena,


y a eterna muerte al pecador condena?


    »Embebido en su inmenso poderío, 350

¿es Dios el Dios que goza en su hermosura,


que arrojó el universo en el vacío,


leyes le dio y abandonó su hechura?


¿Fue vanidad del hombre y desvarío


soñarse imagen de su imagen pura? 355

¿Es Dios el Dios que en su eternal sosiego


ni vio su llanto ni escuchó su ruego?


    »¿Tal vez secreto espíritu del mundo,


el universo anima y alimenta,


y derramando su hálito fecundo 360

alborota la mar y el cielo argenta,


y a cuanto el orbe en su ámbito profundo


tímido esconde o vanidoso ostenta,


presta con su virtud desconocida


alma, razón, entendimiento y vida? 365

    »¿Y es Dios tal vez la inteligencia osada


del hombre siempre en ansias insaciable,


siempre volando y siempre aprisionada


de vil materia en cárcel deleznable?


¿A esclavitud eterna condenada 370

a fiera lucha, a guerra interminable,


tal vez estás, divinidad sublime,


que otra divinidad de inercia oprime?


    »¿Y es en su vida el universo entero


ilimitado campo de pelea, 375

cada elemento un triste prisionero


que su cadena quebrantar desea,


y ardes en todo, espíritu altanero,


lumbre matriz, devoradora tea,


como el que oculto, misterioso aliento, 380

mueve la mar con loco movimiento?


    »¿Cuándo tu guerra término tendrá


y romperás tu lóbrega prisión?


¿Su faz el universo cambiará?


¿Creará otros seres de inmortal blasón, 385

o la muerte silencio te impondrá?


¿Volarás fugitivo a otra región,


o, disipando la materia impura,


el mundo inundarás de tu hermosura?


    »-¿Quién sabe? Acaso yo soy 390

el espíritu del hombre


cuando remonta su vuelo


a un mundo que desconoce,


cuando osa apartar los rayos


que a dios misterioso esconde, 395

y analizarle atrevido


frente a frente se propone.


Y entre tanto que impasibles


giran cien mundos y soles


bajo la ley que gobierna 400

sus movimientos acordes,


traspasa su estrecho límite


la imaginación del hombre,


jinete sobre las alas


de mi espíritu veloces; 405

y otra vez a mover guerra,


alzar rebeldes pendones,


y hasta el origen creador


causa por causa recorre;


y otra vez se hunde conmigo 410

en los abismos, en donde


en tiniebla y lobreguez


maldice a su Dios entonces.


¡Ay!, su corazón se seca,


y huyen de él sus ilusiones: 415

delirio son engañoso


sus placeres, sus amores,


en su ciencia vanidad,


y mentira sin sus goces.


¡Sólo es verdad su impotencia 420

su amargura y sus dolores!


    »Tú me engendraste mortal,


y hasta me diste un nombre,


pusiste en mí tus tormentos,


en mi alma tus rencores, 425

en mi mente tu ansiedad,


en mi pecho tus furores,


en mi labio tus blasfemias


e impotentes maldiciones;


me erigiste en tu verdugo, 430

me tributaste temores,


y entre Dios y yo partiste


el imperio de los orbes.


Y yo soy parte de ti


soy ese espíritu insomne 435

que te excita y se levanta


de tu nada a otras regiones,


con pensamientos de ángel,


con mezquindades de hombre.


    »Tú te agitas como el mar 440

que alza sus olas enormes,


humanidad, en oleadas


por quebrantar tus prisiones.


¿Y en vano será que empujes,


que ondas con ondas agolpes, 445

y de tu cárcel la linde


con vehemente furia azotes?


¿Será en vano que tu mente


a otras esferas remontes,


sin que los negros arcanos 450

de vida y de muerte ahondes?


¿Viajas tal vez hacia atrás?


¿Adelante tal vez corres?


¿Quizá una ley te subyuga?


¿Quizá vas sin saber dónde? 455

Las creencias que abandonas,


los templos, las religiones


que pasaron, y que luego


por mentira reconoces,


¿son quizá menos mentira 460

que las que ahora te forjes?


¿No serán tal vez verdades


los que tú juzgas errores?


    »Mas tú como yo, impulsada


por una mano de bronces 465

allá vas, y en vano, en vano


descanso pides a voces;


los siglos se precipitan,


se hunden cien generaciones,


piérdense imperios y pueblos, 470

y el olvido los esconde;


y tú allá vas, allá vas


abandonada y sin norte,


despeñada y de tropel


y en aparente desorden; 475

y ora inundas la llanura,


allanas luego los montes,


¡no hay hondo abismo ni cielo


que a descubrir no te arrojes!


Pobre, ciega, loca, errante, 480

aquí, sagaz, allí torpe,


tú misma para ti misma


todo arcano y confusiones.


    »Y ya por senda trazada


viajes sometida y dócil, 485

y sigas crédula en paz


las huellas de tus mayores;


ya nuevas galas te vistas,


ya de las antiguas mofes,


y rebelde, de tus hierros 490

muerdas ya los eslabones,


yo siempre marcho contigo.


Y ese gusano que roe


tu corazón, es sombra


que anubla tus ilusiones. 495

Soy yo, el lucero caído,


el ángel de los dolores,


el rey del mal, y mi infierno


es el corazón del hombre.


Feliz mientras la esperanza, 500

¡ay!, tus delirios adorne,


infeliz cuando tu mente


los recuerdos emponzoñen.


Y a la mar sin rumbo fijo


desesperado te arrojes; 505

ni un astro te alumbrará,


será en vano que a Dios nombres.


Ora le reces sin fe,


ora su enojo provoques.


Sólo el huracán y el trueno. 510

Responderán a tus voces.


Sin hallar puerto ni playa


por más que anhelante bogues.


Y al fin la materia muere;


pero el espíritu ¿adónde 515

volará? ¿Quién sabe? ¡Acaso


jamás sus cadenas rompe!»


Dijo, y la ígnea luminosa frente


dejó caer desesperado y triste,


y corrió de sus ojos larga fuente 520

de emponzoñadas lágrimas: profundo


silencio en torno dominó un momento;


luego en aéreo modulado acento


cien moros resonaron,


    y allá en el aire en confusión cantaron 525

CORO 1.º



Genios, venid, venid


vuestro mal con el hombre a repartir.


CORO 2.º



    Ya la esperanza a los hombres


para siempre abandonó,


los recuerdos son tan sólo 530

pasto de su corazón.


CORO 3.º



    Nosotros, genios del mal,


aunque en nosotros no cree,


somos su Dios, condenado


nuestro influjo a obedecer. 535

CORO 1.º



Genios, venid, venid


vuestro mal con el hombre a repartir.


UNA VOZ



    Yo turbaré sus amores,


disiparé su ilusión,


atizaré sus rencores, 540

y haré eternos sus dolores


mal llagado el corazón.


VOZ 2.ª



    Yo confundiré a sus ojos


la mentira y la verdad.


Y la ciencia y los sucesos 545

su mente confundirán.


VOZ 3.ª



    Marchitaré la hermosura,


rugaré la juventud;


el alma que nació pura


renegará la virtud, 550

maldecirá de su hechura.


VOZ 4.ª



    Yo haré dudar del cariño


que muestra al tímido niño


el corazón maternal;


y haré vislumbre al través 555

del amor el interés


como su vil manantial.


VOZ 5.ª



    Una barra de oro


su Dios será.


La avaricia del hombre 560

la adorará:


viles pasiones


gobernarán tan sólo


sus corazones.


Genios, venid, venid 565

nuestro mal con el hombre a repartir.


VOZ 6.ª



    Mi lanza impávida


derribará


ese Dios mísero


de vil metal. 570

Sobre sus aras


me asentaré,


y esclavo al hombre


dominaré.


Genios, venid, venid 575

y esos esclavos a mi carro uncid.


VOZ 7.ª



    Yo romperé las cadenas,


daré paz y libertad,


y abriré un nuevo sendero


a la errante humanidad. 580

CORO



    ¡Quién sabe! ¡Quién sabe!


Quizá sueños son,


mentidos delirios,


dorada ilusión.


Genios, venid, venid 585

nuestro mal con el hombre a repartir.


EL POETA



    Como nubes que en negra tormenta


precipita violento huracán,


y en confuso montón apiñadas,


de tropel y siguiéndose van, 590

    y visiones y horrendos fantasmas,


monstruos raros de formas sin fin,


y palacios, ciudades y templos,


nuestros ojos figuran allí;


    y entre masas espesas de polvo 595

desaparece la tierra tal vez,


cual gigante cadáver que cubre


vil mortaja de lienzo soez;


    como zumba sonante a lo lejos


el doliente rugido del mar, 600

cuando rompe en las rocas sus olas,


fatigadas de tanto luchar;


    y la brisa en la noche serena


en sus ráfagas trae la canción,


que al compás de los remos entona, 605

mar adentro quizá un pecador.


    Así, en turbio veloz remolino


el diabólico ejército huyó;


vagarosas pasaron sus sombras,


y el crujir de sus alas sonó. 610

    Y en el yermo fantástico espacio,


largo tiempo se oyó su cantar,


y a lo lejos el flébil quejido


poco a poco armonioso espirar.


    Embargada y absorta la mente, 615

en incierto delirio quedó,


y abrumada sentí que mi frente


un torrente de lava quemó.


    Y en mi loca falaz fantasía


sus clamores y cánticos oí, 620

y el tumulto y su inquieta porfía


encerrado en mí mismo sentí.


    Así al son agudo de bélica trompa,


y al compás del golpe que marca el tambor,


brioso en alarde y magnífica pompa, 625

en orden desfila guerrero escuadrón.


    Y espadas, fusiles, caballos, cañones


pasan, y los ojos en confuso ven


brillar aún las armas, ondear los pendones.


Fantásticas plumas del viento al vaivén, 630

    relumbrar corazas, y el polvo y la gente,


ya se oye a lo lejos un vago rumor,


y queda en su encanto suspensa la mente,


y oír y ver piensa después que pasó.


    Mas ya del primer albor 635

la luz pura tiñe el cielo,


y al naciente resplandor,


naturaleza su velo


pinta con vario color.


Ya se esparce por el mundo 640

un armonioso contento,


    un confuso movimiento,


que en pensamiento profundo


suspende el entendimiento.


    ¿Es verdad lo que ver creo? 645

¿Fue un ensueño lo que vi


en mi loco devaneo?


¿Fue verdad lo que fingí?


¿Es mentira lo que veo?

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